Me voy a ir presentando

No hace falta que os pongáis de pie y cantéis los “buenos días” a la par. Los tiempos cambian…

Creo que no hace mucha falta que me presente porque los que vais a leer esto ya me conocéis de sobra pero, por si llega alguien nuevo a este diván, me presento.

Mi nombre es Juanma, 43 años cuando escribí este artículo, 44 camino del siguiente, cuando se ha publicado. García de primer apellido. Sin composición alguna. A secas.

Mis estudios comenzaron en un pequeño colegio  llamado “Sagrada Familia” donde una pareja de hermanos franquistas imponían la doctrina y la antigua enseñanza a sus niños. El babi era el más feo que había en Vilima o Jardilín, o en alguna casa de ropa de trabajo: azul añil droguero. Sí, en mi calle había una droguería. No, allí las drogas que se vendían eran de limpieza. Tal ve seas demasiado joven para entenderlo e incluso estés en edad de necesitar alguna clase. ¿Lo hablamos?

Imaginad: una clase de 35-40 alumnos por curso, solo un grupo, solo un baño por cada dos clases -cada día cursos y había que subir/bajar escaleras dependiendo del año-, sin patio, con una azotea que pisábamos una vez al mes para jugar al pañuelito o a algún juego tipo Operación. Nada de pelotas que se podían caer a la calle y las perdíamos.

Algunas clases, recuerdo que no todas, tenían incluso ventanas para ventilación y de cierre, un pequeño lápiz que encajaba a la perfección para que no entrara la lluvia con el viento. Climalit, ni Climalit,…

Franco presidiendo la clase de Doña Carmen, buena era élla y ojo, niños aquí y niñas allí no vaya a ser que… 6, 7 años teníamos.

De ahí a los Salesianos, Trinidad. Cambio radical. Ya Franco se cayó del cuadro y ahora le tocaba a Juan Carlos, ojalá Aragón, o al crucifijo lleno de restos de tiza que se adhería a la superficie. Allí pasaron los días de mis años de infancia, en campos inmensos, bocatas de mortadela, bollicaos de los de verdad, y 4 o 5 finales de Champions en cada campo, en cada recreo. Y oye, nadie confundía ni el balón de su partido, ni su equipo, ni su bocata de mortadela.

Ahí fueron llegando Don Bosco, María Auxiliadora y sobre todo un grupo de compañeros y de profesores que jamas podré olvidar. Alguno ya marchó, otros muchos se jubilaron y alguno que otro sigue dando la tabarra, seguramente ya amargado de existir, a los nuevos YO…

Y de ahí, a la Escuela de Ingenieros. Para que me hablen a mí de mili…

Sí, criado en una familia humilde, trabajadora y honrada, donde tu padre trabajaba de sol a sol o de flexo a flexo en el comercio, casi sin derechos y millones de obligaciones. Aunque en aquella época se podía fumar en el trabajo e incluso salir a tomar café tranquilamente y regresar sin temor. Aunque no os lo creáis, la cosa funcionaba y nadie se quejaba en twitter.

Quedar era una odisea o algo parecido al salto del ángel; nos vemos a las nueve en el Trini. Y ya no sabías más de esa persona hasta las 9, si aparecía a esa hora… ni teléfonos, ni whatsapp, ni redes. Un desmadre!!!

Bebíamos en la calle y no molestábamos a nadie, disfrutábamos la calle, los parques, las plazas, hacíamos lotes,…

Luego llegó el teléfono y el lujo del sms de pago. Optimizar el mensaje en clave para que los caracteres permitieran descifrar lo escrito, sin espacios, para que le guardaras a alguien un sitio EnBiblio o Kfe que quería decir que estaba abajo esperándome para jugar a las cartas…

Esto se alarga… os lo resumo: criado en una familia de izquierdas que tenía clara que la enseñanza buena era la que era, y una parte lo sigue siendo; creciendo con curas alrededor a los que ayudabas a montar todas las misas habidas y por haber y aún así en tu Hermandad, que no en la mía, me tachan del demonio por defender la igualdad de derechos y cosas muy muy básicas… 

Sí, me emborrraché en algún despacho con algunos amigos y su cura correspondiente. Sí, soy ingeniero y “algunos” dioses del Olimpo ingenieril a día de hoy me vuelven la cara cuando me ven por desenmascarar su negocio.

Sí, llevo 15 años dedicado a lo que jamas quería hacer, la docencia, pero no a una docencia al uso, no; yo no soy el típico profe que va, suelta su parrafada, a veces corrige, otras explica y se va, no. Yo no. Cada día me gusta más lo que hago. Mi labor va más allá de todo eso, y por el mismo precio, ¡ojo!

Docente no de vocación al que la vocación lo fagocitó y por eso estoy aquí, con esta web para contaros la realidad de la educación de este país, o al menos mi experiencia. Fijaos que he errado a posta; no es educación, es enseñanza. La educación es una clase que se enseña en casa y llega aprendida a clase, aunque allí se corrijan ciertos modales.

Colegios, institutos, profesores y profesoruchos, ningún maestro,  todos o casi todos endiosados, influencers de las ciencias y las letras cuando no llegan ni a aprendiz. 

Por cierto, ojalá esto lo leyeran quienes mandan y nos dejarán a los que hemos sufrido y sufrimos sus leyes día a día.

Termino diciendo que mi objetividad va asociada a un pago de autónomo mensual que me acaban de subir de cara a una jubilación que no sé si algún día podré alcanzar, y mucho menos cobrar,  a la independencia de mi deambular y mi experiencia con alumnos de toda Andalucía y resto del mundo…

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